Corría diciembre del 2004 y la Bundesliga ingresaba a su habitual receso de invierno europeo. El plantel del Bayern Múnich salió de vacaciones y Claudio Pizarro, capitán de la selección peruana, partió a Lima para pasar fiestas con sus familiares. El “Bombardero” invitó a Perú al inglés Owen Hargreaves, uno de los sus mejores amigos en el cuadro bávaro, integrante de la selección inglesa.
El mediocampista aceptó volar a nuestro caluroso país y dejar el frío alemán. Ambos futbolistas llegaron a Lima, recibieron el Año Nuevo en el balneario de Asia, junto con los familiares y amigos de “Pizza”.
Luego de unos días, Pizarro organizó un partido de fulbito en un complejo de césped sintético del sur limeño y convocó a su círculo más cercano. La presencia del volante británico generó una tremenda expectativa entre veraneantes y curiosos, muchos de los cuales no manejaban demasiada información sobre el tema del fútbol.
Pizarro llegó en su camioneta al lado de Hargreaves, su inseparable amigo Gianfranco Ravelli, “Pizarrón”, y el ex arquero de Cristal Carlos “Chino” Benavides, quien llevaba puesta una gorra y lentes oscuros. Uno de los aficionados que estaba presente preguntó quién era.
“Pizarrón” se puso serio y respondió: “Es Michael Ballack. Ha venido a Perú a pasar vacaciones”. La emoción se apoderó del balneario y los curiosos empezaron a pedir autógrafos al “Chino”, pensando que era Ballack. La anécdota llegó hasta Lima y muchos diarios publicaron amplias notas en las que hablaban de la visita de incógnito del fenomenal volante alemán.