Claudia Sheinbaum propuso que México actúe como mediador entre EE. UU. y Cuba, tras la decisión de Trump de suspender el envío de petróleo venezolano a la isla.
En medio de un escenario regional tenso y mientras Washington endurece su postura hacia La Habana, México ha reforzado su papel en el suministro energético a Cuba. Esta decisión, respaldada por el nuevo Gobierno mexicano, se produce bajo la atenta mirada de Estados Unidos y reabre el debate sobre los costos geopolíticos, la soberanía y la capacidad productiva.
México se ha convertido en el principal proveedor de petróleo y combustibles de Cuba, incluso en un contexto de fricciones con Estados Unidos. El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha dejado claro que mantendrá los envíos, aun cuando la relación bilateral con Washington atraviesa un momento sensible.
De acuerdo con información confirmada por la Agencia EFE, recientemente llegó a La Habana el buque Ocean Mariner con alrededor de 86 mil barriles de combustible procedentes de México, lo que refuerza el papel del país como socio energético clave de la isla.
El fortalecimiento del vínculo México–Cuba eleva el costo político frente a Estados Unidos, especialmente tras el endurecimiento de las restricciones de abastecimiento a la isla. Aunque el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, señaló que no se ha solicitado formalmente a México frenar los envíos, analistas advierten que Donald Trump podría recurrir a aranceles u otras medidas para limitar este comercio, como ya ocurrió con Irán.
Según especialistas citados por la Agencia EFE, el cambio no radica en la relación histórica, sino en el nuevo entorno político, que vuelve más visible a México como proveedor.
Más allá del frente diplomático, expertos alertan sobre los desafíos operativos. La producción conjunta de Pemex y sus socios privados ronda los 1.6 millones de barriles diarios, por debajo de los objetivos oficiales, lo que plantea dudas sobre la viabilidad de sostener exportaciones sin afectar el abasto interno.
Este "costo de oportunidad", señalan analistas consultados por la Agencia EFE, podría generar presiones dentro de Pemex si la producción no repunta y las necesidades nacionales comienzan a competir con los compromisos externos.
En este contexto, la presidenta Sheinbaum ha defendido la postura mexicana al afirmar que el país "toma sus propias decisiones" y que puede fungir como mediador entre Washington y La Habana, subrayando que el futuro de Cuba corresponde decidirlo a los propios cubanos.