Familiares aseguran que era enfermero de cuidados intensivos, defensor de los inmigrantes y amante de la naturaleza. Su muerte genera indignación.
Para su familia, Alex Jeffrey Pretti no era un manifestante ni una amenaza. Era un enfermero de cuidados intensivos, acostumbrado a trabajar bajo presión y a acompañar a personas en sus momentos más críticos dentro de un hospital del Departamento de Asuntos de Veteranos.
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Tenía 37 años y, según quienes lo conocían, una sensibilidad especial por las injusticias sociales. Le dolía lo que veía en su ciudad y en el país, en especial las detenciones de inmigrantes y las redadas que se habían intensificado en Minneapolis.
La muerte de Alex Pretti reaviva el debate sobre el uso de la fuerza de agentes federales en medio de la tensión migratoria en EE. UU.
Alex no ocultaba su postura. Había asistido a protestas recientes contra las políticas migratorias y también había participado en movilizaciones años atrás, tras la muerte de George Floyd. Para él, salir a la calle era una forma de expresar su indignación, no de buscar confrontación.
“Sabía que lo que estaba pasando estaba mal”, contó su padre, Michael Pretti, quien recordó que semanas antes le habían pedido que fuera cuidadoso. Alex les respondió que lo entendía y que protestar no significaba ponerse en peligro.
El Departamento de Seguridad Nacional informó que un agente de la Patrulla Fronteriza disparó cuando Alex se acercó durante un operativo, mencionando la presencia de un arma de fuego. Sin embargo, no se precisó si llegó a apuntarla.
Videos grabados por testigos muestran a Pretti con un celular en la mano en los instantes previos al disparo. En esas imágenes no se observa un arma visible, lo que ha generado dudas y reclamos de esclarecimiento por parte de la familia.
Los familiares reconocieron que Alex era dueño legal de una pistola y tenía permiso para portación oculta en Minnesota, aunque aseguraron que jamás supieron que la llevara consigo. Tampoco tenía antecedentes penales ni historial de violencia.
La confusión se agravó cuando sus padres se enteraron de la muerte a través de un periodista y no lograron comunicarse con autoridades ni hospitales durante varias horas.
Criado en Green Bay, Wisconsin, Alex fue deportista, Boy Scout y estudiante comprometido. Se graduó en la Universidad de Minnesota y trabajó como investigador antes de decidirse por la enfermería.
Vivía solo, pero no aislado. Sus vecinos lo recuerdan como alguien tranquilo, amable y siempre dispuesto a ayudar. Amaba andar en bicicleta, cuidar su auto y pasar tiempo al aire libre. Estaba profundamente unido a su perro Joule, cuya muerte lo había afectado mucho.
Su madre, Susan Pretti, explicó que Alex estaba especialmente angustiado por el rumbo político y ambiental del país. “Amaba Estados Unidos, pero sufría al ver cómo se dañaba a las personas y a la tierra”, dijo.
Hoy, su muerte no solo deja una familia destrozada, sino también una serie de interrogantes sobre el uso de la fuerza por parte de agentes federales y el clima de tensión que atraviesa a Minneapolis.