Vladimir Fiori.
La revelación con ribetes de comicidad que Jefferson Farfán hizo en un momento de ocio sobre el rapapolvo protagonizado entre un mozalbete Erick Delgado y un imperioso Andrés Mendoza en los tiempos de selección, allá por el 2003, dejó abierto el capítulo que el propio arquero, diecisiete años después y con 37 almanaques encima, se encargó de contarlo con puntos y comas.
“Andrés nunca fue una mala persona pero sí muy antipático, incluso, en los entrenamientos y recuerdo bien esa anécdota que Farfán ha contado y que sucedió en el hotel Sheraton de Manhattan por resistirme a la sumisión. Mendoza me había puesto la puntería porque así eran los mayores de la selección, o aceptabas de todo o te ganabas problemas, entonces, trataba de resistir que me agarre a pelotazos hasta que me colmó la paciencia”.
Después de un entrenamiento en New Jersey —la selección de Paulo Autuori se preparaba para jugar un amistoso con México— Mendoza fue por lana y salió trasquilado. “Subimos al bus para regresar al hotel y Andrés como siempre se sentaba al último. Recuerdo que a Marko Ciurlizza le habían regalado una caja de chocolates y de buena gente nos invitó pero cuando iba a tomar el mío, Mendoza se acercó, me empujó y me dijo: ‘anda para allá, chibolo’. Eso me molestó, le respondí, claro, me dijo cosas también pero nunca imaginé que el tema se alargaría al llegar al hotel”.
PUEDES VER ¡Grítalo, celeste! Jorge Soto lidera ránking de peruanos con más partidos en la Libertadores
Delgado, quien compartía su habitación por ese entonces con el delantero Roberto Silva Pro, subió raudo al piso correspondiente y, de pronto, divisó a un Mendoza “cuadrado” como boxeador. “Lo vi y caminé rápido hacia él. Silva me decía: ‘qué te vas a pelear, estás muy joven para ganarte problemas con estos’ pero no pudo detenerme, ni siquiera con la ayuda de John Galliquio y de Pepe Soto, quienes se ‘ganaron’ con el problema. Claro, yo pensé: ‘este es un moreno fuerte, rápido’, además, era cuatro años mayor que yo, jugaba en el Brujas de Bélgica, venía con su cartel, pero no iba a ‘arrugar’, entonces, me le fui encima y el resto ya lo relató el buen Farfán que, por cierto, no sé para qué lo contó…”.
¿Pero qué sucedió después? El grupo guardaba celosamente esos secretos hasta el punto de que Paulo Autuori jamás se enteró. “Recuerdo que bajamos a cenar y Alfredo Carmona, con la chispa que lo caracterizaba, lo molestó pero ahí se acabó el asunto y, sinceramente, no volvimos a tocar ese tema. Hace tres o cuatro días nos encontramos en el mercado El Edén, en Surco, en la cola, está igualito porque supo conservarse, bueno, en esa época yo era flaquito, alto, pero flaco, claro, igual había que defenderse, algo que aprendí en el barrio, en el colegio. Mi abuela fue tantas veces a justificar mi comportamiento que todavía me da vergüenza. Andrés es un tipo noble, lo conozco desde chico, hemos ido al mismo gimnasio e, incluso, mi mejor amigo, que hoy vive en los Estados Unidos, también es amigo de Mendoza. De más chico, incluso, lo veía en mi casa con otros compañeros, me miraba de reojo, iban a almorzar y así se pasó la vida…”.
DATO:
En los dos primeros partidos de las Eliminatorias Alemania 2006, Delgado fue el arquero titular. El segundo juego, ante Chile en Santiago, marcó su destino a nivel de selección porque fue responsabilizado de los goles mapochinos. Ante Brasil taparía Óscar Ibáñez. “Me resentí con el entorno hasta el punto de no querer saber nada de la selección. Pasaron seis o siete años para mirar los goles que me hicieron esa vez y concluí que fui señalado injustamente como responsable de esa derrota, pero me dieron con palo, salí en todas las portadas, todos me culparon y yo era un chibolo que recién empezaba. No debí reaccionar así, menos pelearme, hoy puedo decirlo, me equivoqué”.