Se revelaron nuevas restricciones de SNAP que limitan la compra de ciertos productos y modifican cómo ahora podrán usar sus tarjetas en estas zonas de EE. UU.
El Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria entra en un periodo de transformaciones que se sentirá en millones de hogares a lo largo del año en Estados Unidos. Las nuevas disposiciones exigirán a los usuarios adaptarse a criterios distintos, ya que ciertos productos considerados poco saludables ya no podrán adquirirse con la tarjeta EBT. El objetivo es redefinir el uso del beneficio alimentario y modificar de manera sustancial la forma en que se accede a esta ayuda esencial.
Estas medidas tienen como finalidad promover una alimentación más saludable y reducir enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes, vinculadas al consumo excesivo de bebidas azucaradas y dulces. Es importante conocer las fechas y los productos afectados para planificar las compras sin inconvenientes.
A partir de enero de 2026, varios estados comenzarán a restringir la compra de refrescos, dulces y bebidas energéticas con SNAP. Por ejemplo, en Indiana, Utah y West Virginia, los refrescos ya no se podrán adquirir, mientras que en Nebraska y Iowa también se incluyen bebidas energéticas y ciertos alimentos gravables según la normativa local.
El programa SNAP aplicará nuevas restricciones en la compra de alimentos desde 2026.
En los meses siguientes, otros estados como Texas, Florida y Tennessee se sumarán a las restricciones, prohibiendo no solo refrescos, sino también postres preparados y bebidas endulzadas. Esto representa un cambio significativo para los beneficiarios que solían comprar estos productos regularmente con su tarjeta EBT.
Expertos en salud y minoristas advierten que la implementación podría generar confusión en los puntos de venta. La falta de listas completas de productos afectados y los ajustes técnicos necesarios en las cajas podrían provocar demoras y reclamos por parte de los clientes.
Por otro lado, la medida busca un beneficio a largo plazo en la salud pública, incentivando el consumo de alimentos más nutritivos y evitando que los fondos del SNAP se utilicen en productos que contribuyen a enfermedades crónicas. Los defensores de la salud consideran que esta estrategia es un paso hacia un sistema más responsable y sostenible.