La ONU alerta de que las muertes de inmigrantes rondan las 8.000 y que la falta de vías seguras obliga a muchos a emprender trayectos peligrosos.
La crisis migratoria mundial vuelve a encender las alarmas. Miles de personas siguen perdiendo la vida en trayectos marcados por el peligro, la ausencia de rutas seguras y el avance de las redes criminales. Aunque las cifras oficiales muestran una leve disminución, los organismos internacionales advierten que el número real de víctimas podría ser mucho mayor. En este contexto, la ONU alerta sobre un escenario inquietante: menos muertes registradas no significa menos tragedias, sino una menor capacidad para documentarlas.
Casi 8 000 muertos por falta de rutas seguras para inmigrantes.
Casi 8.000 personas murieron o desaparecieron el año pasado mientras intentaban migrar por rutas de alto riesgo como el Mediterráneo o el Cuerno de África. Así lo advirtió la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que subraya que el balance real podría ser considerablemente superior debido a los recortes de financiación, los cuales han limitado el acceso humanitario y el seguimiento de los fallecimientos.
Según datos del organismo de la ONU, en 2025 se registraron 7.667 muertes, frente a casi 9.200 en 2024. Sin embargo, esta aparente mejora se debe, en gran parte, a una menor recopilación de información y a la reducción de los programas de monitoreo. Las rutas marítimas continúan siendo las más letales: más de 2.100 personas murieron o desaparecieron en el Mediterráneo, y otras 1.047 perdieron la vida en la peligrosa ruta atlántica hacia las Islas Canarias.
La situación también es crítica en Asia y África. Alrededor de 3.000 inmigrantes fallecieron en países asiáticos, más de la mitad de ellos afganos. En el Cuerno de África, al menos 922 personas murieron al intentar cruzar desde Yemen hacia los Estados del Golfo, la mayoría etíopes víctimas de naufragios masivos.
La Organización de las Naciones Unidas advierte que el descenso en las cifras oficiales no debe interpretarse como una mejora real. Por el contrario, refleja el impacto de los recortes presupuestarios, especialmente de Estados Unidos, que obligan a organizaciones humanitarias a reducir o cerrar programas esenciales para la protección de los inmigrantes.
"La continua pérdida de vidas en las rutas migratorias es un fracaso global que no podemos aceptar como algo normal", declaró Amy Pope, directora general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). La funcionaria subrayó que estas muertes no son inevitables y que la falta de vías legales empuja a miles de personas migrantes a manos de traficantes y contrabandistas.
El endurecimiento de las políticas migratorias en Europa, Estados Unidos y otras regiones redujo los canales regulares de migración e incrementó los viajes irregulares y peligrosos. Esta tendencia, lejos de frenarse, continuó en 2026: solo hasta el 24 de febrero, se registraron 606 muertes de migrantes en el Mediterráneo.
Tal como recoge Atalayar, "los recortes de financiación han afectado gravemente a la capacidad de seguimiento y de asistencia humanitaria, ocultando una tragedia que continúa creciendo". La advertencia es clara: sin rutas seguras y regulares, la cifra de muertes de personas migrantes podría superar pronto un umbral aún más devastador, consolidando una crisis humanitaria que la comunidad internacional no puede seguir ignorando.