Las nuevas guías nutricionales del Gobierno de EE.UU. modifican prioridades clave y afectan desde la mesa familiar hasta escuelas y programas sociales.
El Gobierno de Estados Unidos presentó una actualización de sus recomendaciones dietéticas, un documento que marca el rumbo de la alimentación nacional durante los próximos cinco años. Estas pautas no solo orientan a las familias, sino que determinan qué se sirve en escuelas públicas, comedores federales, programas sociales y bases militares, por lo que su impacto alcanza a millones de personas.
Uno de los cambios más visibles es el abandono del modelo visual MyPlate. En su lugar, se introduce una pirámide alimentaria renovada, donde los alimentos que deben consumirse con moderación ocupan la parte superior, y los considerados esenciales se concentran en la base.
EE.UU. cambia su dieta oficial y redefine qué alimentos deben estar en la mesa.
El mensaje es claro: no todos los alimentos pesan igual en la dieta diaria, y algunos deben ocupar un lugar más reducido que antes.
Las nuevas directrices colocan a las proteínas como protagonistas. Ahora se recomienda que estén presentes en todas las comidas, elevando el consumo sugerido a entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso corporal.
Según las autoridades, este cambio busca mejorar la saciedad, preservar masa muscular y fortalecer la salud metabólica, aunque el tema sigue generando debate entre especialistas.
Otra novedad es el regreso de los lácteos enteros, una señal de ruptura con décadas de mensajes oficiales a favor de productos bajos en grasa.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., sostuvo que muchas recomendaciones anteriores estaban desactualizadas y que el problema no es solo la grasa natural, sino la calidad general de la dieta.
Aun así, el límite oficial se mantiene: las grasas saturadas no deberían superar el 10% de las calorías diarias, un punto que sigue siendo altamente polémico.
Donde sí hay amplio acuerdo es en lo que debe disminuirse de forma urgente:
La Asociación Médica Estadounidense celebró este enfoque y destacó que la alimentación debe entenderse como una herramienta preventiva frente a enfermedades crónicas como la diabetes, la obesidad y los problemas cardíacos.
No todos los expertos están convencidos. La nutricionista Marion Nestle, de la Universidad de Nueva York, valoró la reducción de ultraprocesados, pero cuestionó el fuerte énfasis en proteínas, señalando que muchos estadounidenses ya consumen más de lo necesario.
Según ella, esto podría dificultar cumplir los límites de grasas saturadas y favorecer un mayor consumo de carne y lácteos grasos.
Las nuevas guías recomiendan reducir especialmente:
Leer etiquetas y desconfiar de listas largas de ingredientes es clave, según las autoridades.
Del lado opuesto, se incentiva el consumo de:
Las versiones congeladas o enlatadas son aceptables si no contienen azúcar ni sodio añadidos.