Es un hecho que la restauración de ecosistemas costeros con drones son muchos más rápidos y baratos que con buzos humanos. Pero, su problema es conseguir financiamiento.
El cambio climático es uno de los grandes retos de la humanidad en el siglo XXI, por lo que es importante encontrar nuevos caminos para parar y revertir sus nocivos efectos. Por ello, Fujitsu Ltd., una empresa japonesa está en plena labor de medir la cantidad de dióxido de carbono que absorben los ecosistemas costeros.
Este proveedor de TI es uno de los tantos que están en el desarrollo de nuevas tecnologías que tienen por objetivo acelerar el crecimiento de los créditos de carbono azul, que no es otra cosa que un sector subdesarrollado del mercado de compensaciones.
Bloomberg, al respecto, apunta lo siguiente: "Los científicos estiman que, incluso en condiciones óptimas, la protección de los hábitats existentes y las iniciativas de restauración a gran escala, probablemente, evitarían o eliminarían solo un pequeño porcentaje de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Sin embargo, los proyectos también pueden ofrecer beneficios ambientales adicionales y alcanzar precios más altos que otros créditos de eliminación de carbono basados en la naturaleza, lo que los hace atractivos tanto para compradores como para promotores locales".
En el caso de Fujitsu, los japoneses emplean un dron submarino que tiene el tamaño de un microondas el cual zigzaguea en el fondo marino, luego de lo cual procede a escanear e identificar especies de plantas que captan CO2 que es almacenado en los sedimentos como carbono al morir. Los investigadores utilizan los datos capturados por los drones para crear un gemelo digital del hábitat y estimar la cantidad del CO2 absorbida por las plantas vivas, siendo capaces de predecir cómo la conservación puede ayudar a los ecosistemas a capturar más CO2.
En ese sentido, el carbono azul, como se le llama, es muy atractivo para inversores al reemplazar a los bosques tropicales, pues manglares y marismas están en capacidad de almacenar hasta cinco veces más carbono por acre. Pero, no solo eso, pues, al mismo tiempo, son menos vulnerables plagas, sequías e incendios.
En ese sentido, el profesor y director del Centro de Soluciones Positivas para la Naturaleza de la Universidad RMIT de Australia, Peter Macreadie, dijo: "Cuando pensamos en la capacidad de la naturaleza para secuestrar carbono, hay muy pocos sistemas que realmente lo secuestra en el suelo durante miles de años".
En ese sentido, empezaron las pruebas con la restauración del hábitat cerca de Uwajima, una ciudad portuaria en la isla de Shikoku (sur de Japón), la cual fue de gran ayuda para generar créditos de carbono azul del organismo de certificación japonés el año pasado.
En ese sentido, Bloomberg apunta que, si el proyecto llevado a cabo con bajo costo tiene éxito, sería una punta de lanza para hacer crecer el emergente mercado de carbono que tuvo su punto más alto en 2022 con créditos equivalente a 3,1 millones de toneladas de CO2 emitidas, a 40,5 millones de toneladas a mediados de siglo.
Sin embargo, esto no quita que existan riesgos reales ¿Cómo cuales? Los hábitats de carbono azul, si bien almacenan grandes cantidades de carbono en suelos anegados, lo real es que estos ecosistemas suelen ser frágiles y son proclives a estar afectados por el desarrollo costero, pero también el dragado y, como era de esperarse, son sensibles al cambio climático, en aspectos como el aumento del nivel del mar, tormentas más intensas, calentamiento de las aguas, acidificación de los océanos.
Sin embargo, un obstáculo no menor que vive el carbono azul es ganarse la confianza de los inversores. Para ello, existen empresas como Octave Capital Pte., la cual busca hacer que este sector genere inversiones a gran escala. Por ello, en 2025 la firma con origen en Singapur, lanzó el Fondo Asian Ocean al lado de Katapult Ocean, como compañías que respalden a entidades que trabajes en estos temas marinos.
Ante estas nuevas realidades, algunos de los mejores lugares donde se puede realizar esta actividad se encuentra en Indonesia, ya que dicho país cuenta con la quinta parte de los manglares en todo el planeta. En ese sentido, WWF Indonesia, en colaboración con una empresa finlandesa, Kuva Space Oy, con la finalidad de cartografiar los ecosistemas, algo de suma importancia para financiar proyectos de restauración.
Sin embargo, Bloomberg destaca otro efecto positivo de esta actividad: demostrar cuánto CO2 habría absorbido un ecosistema sin la intervención humana, un concepto conocido como 'adicionalidad'. A esto, el profesor asociado de la Universidad de East Anglia del Reino Unido, Phillip Williamson, dijo al respecto: "Hasta la fecha, solo una pequeña proporción de los proyectos de restauración de praderas marinas y manglares han tenido éxito. Si se otorgan compensaciones de carbono cuando no están plenamente justificadas, el riesgo de catástrofe climática aumenta, en lugar de reducirse".
También contamos con la presencia de Ulysses Maritime Technologies Inc., empresa de San Francisco, la misma que trabaja en abaratar los costos del proceso de producción con sus sumergibles que siembran semillas en puntos de precisos bajo el agua y poder cubrir hasta cinco hectáreas al día. Por ejemplo, se llevó a cambo un proyecto de plantación de praderas marinas en Australia donde el dron redujo los costos en un 90 por ciento, si lo comparemos con la restauración con buzos humanos, siendo también 10 veces más rápido.