El aire condicionado es un artefacto diseñado para mejor nuestro confort en época de verano, sin embargo su mal uso puede derivar en problemas de salud.
El aire acondicionado se ha convertido en un aliado cotidiano para soportar el calor. En muchos hogares y oficinas esta tecnología permite controlar la temperatura con precisión. Sin embargo, especialistas en salud advierten que su uso incorrecto puede tener consecuencias que muchos no consideran. Desde molestias respiratorias hasta alteraciones del descanso, el problema no está en el dispositivo, sino en cómo se utiliza. Entender estos riesgos es clave para aprovechar sus beneficios sin afectar el bienestar.
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El cuerpo humano está diseñado para adaptarse gradualmente a los cambios de temperatura. Cuando se expone a ambientes demasiado fríos o a variaciones bruscas, el organismo puede reaccionar con estrés térmico. Según la Clínica Universidad de Navarra, el aire acondicionado puede resecar las vías respiratorias y provocar irritación si no se usa correctamente.
Este efecto ocurre porque estos sistemas reducen la humedad del ambiente. Como resultado, la garganta, la nariz y los ojos pueden perder su hidratación natural. Además, si el equipo no recibe mantenimiento adecuado, puede acumular polvo, ácaros y otros agentes que afectan la calidad del aire.
Uno de los errores más frecuentes es dormir con el aire acondicionado encendido durante toda la noche, especialmente a temperaturas muy bajas. Expertos de Quirónsalud recomiendan evitar este hábito, ya que durante el sueño la temperatura corporal disminuye y el exceso de frío puede afectar el equilibrio térmico del cuerpo.
También es un problema dirigir el flujo de aire directamente hacia el cuerpo. Esta exposición prolongada puede provocar molestias musculares y sensación de rigidez al despertar. En muchos casos, el problema no se percibe de inmediato, pero sus efectos aparecen con el uso continuo.
El uso inadecuado del aire acondicionado puede generar síntomas como sequedad de garganta, congestión nasal e irritación ocular. Estas molestias suelen aparecer cuando el ambiente es demasiado frío o seco.
Además, algunos especialistas señalan que los cambios bruscos entre el calor exterior y el frío interior pueden afectar el sistema respiratorio. Esto no significa que el aire acondicionado cause enfermedades por sí mismo, pero sí puede facilitar la aparición de molestias si no se usa correctamente.
Otro factor importante es la limpieza. Los filtros sucios pueden dispersar partículas en el aire, lo que afecta especialmente a personas con alergias o sensibilidad respiratoria.
La clave está en el equilibrio. Los especialistas recomiendan mantener la temperatura entre 24 y 26 grados, un rango que permite refrescar el ambiente sin generar un contraste excesivo.
También es importante evitar que el aire fluya directamente hacia el cuerpo. En su lugar, debe distribuirse de forma uniforme en el ambiente. Otro aspecto esencial es el mantenimiento regular, que garantiza un aire más limpio y seguro.
Usado correctamente, el aire acondicionado no representa un peligro. Al contrario, es una herramienta tecnológica que mejora el confort. La diferencia está en conocer sus límites y utilizarlo de forma inteligente para proteger la salud.