Un análisis genético realizado en 2025 permitió identificar restos encontrados en 2006 y cerrar uno de los casos más antiguos del noroeste de Estados Unidos.
Casi dos décadas después de una desaparición que conmocionó a dos estados, las autoridades lograron confirmar la identidad de un hombre que había permanecido como “John Doe” durante años. Gracias a técnicas avanzadas de ADN forense, restos hallados en 2006 fueron identificados en 2025 como pertenecientes a Clarence Edwin Asher, un pescador de cangrejos de 72 años cuyo rastro se perdió en el océano.
Asher fue visto por última vez el 5 de septiembre de 2006 cuando salió a faenar desde Garibaldi. Al no regresar, su esposa denunció la desaparición y se activó un operativo de búsqueda liderado por la Guardacostas de Estados Unidos. La única pista fue su embarcación, encontrada a la deriva en la bahía, con las trampas de cangrejo intactas.
Las autoridades suspendieron la búsqueda al día siguiente ante la complejidad del área. Asher, que no sabía nadar y no llevaba chaleco salvavidas, fue dado por ahogado. La noticia golpeó con fuerza a la comunidad de Fossil, donde era ampliamente conocido por su trabajo y su pasado como exalcalde y comerciante local.
Restos hallados en 2006 ya tienen nombre e historia.
Dos meses después, miembros de la Tribu Quinault encontraron restos humanos en una playa de Taholah, dentro de la Reserva India Quinault, en Washington. El cuerpo correspondía a un hombre adulto, pero no fue posible identificarlo. Fue enterrado como “John Doe” y registrado en el sistema nacional de personas no identificadas.
Durante años, el caso permaneció estancado sin nuevas pistas.
El giro decisivo llegó en 2025, cuando las oficinas forenses de Grays Harbor y King enviaron evidencia a Othram, un laboratorio especializado en genealogía genética. Mediante secuenciación avanzada del genoma, los científicos lograron construir un perfil de ADN y rastrear a un familiar directo.
La comparación genética confirmó que los restos pertenecían a Clarence Edwin Asher, cerrando finalmente un enigma que había perdurado casi 20 años. El proyecto contó con apoyo financiero del gobierno estatal y permitió sumar este caso a la lista de decenas resueltos en Washington mediante estas técnicas.
La identificación trajo alivio a la familia de Asher, que vivió durante años entre la incertidumbre y el duelo inconcluso. Su esposa falleció en 2018 sin conocer el desenlace, pero sus descendientes pudieron finalmente obtener respuestas.
El caso se convirtió en un ejemplo del impacto de la genealogía forense en la resolución de investigaciones antiguas. Para la comunidad que lo vio partir y nunca regresar, el nombre de Clarence Edwin Asher deja de ser un misterio y vuelve a ocupar su lugar en la historia local.