Ecuatorianos en EE. UU. enfrentan creciente riesgo de redadas del ICE en dos ciudades específicas y buscan estrategias para protegerse y a sus familias.
Los estadounidenses de origen ecuatoriano superan el millón de residentes en Estados Unidos y más del 65 % de esa población se concentra en la Costa Este, principalmente en Florida, Connecticut, Maryland, Nueva York y Nueva Jersey.
Sin embargo, Nueva York y Nueva Jersey, donde vive cerca del 55,9 % de los ecuatorianos, se han convertido en focos prioritarios de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) bajo la administración del presidente Donald Trump, generando temor entre migrantes por detenciones y procesos migratorios.
En el estado de Nueva York, el ICE ha registrado cientos de arrestos de ecuatorianos en los últimos años, incluyendo 177 solo en el año fiscal 2025. Este grupo se ha convertido en uno de los principales blancos de los operativos migratorios, que se han intensificado desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La ciudad, una de las metrópolis con mayor presencia inmigrante en el país, enfrenta no solo detenciones en barrios y centros de trabajo, sino también un impacto profundo en la vida comunitaria: miedo a salir, pérdida de ingresos y creciente preocupación por la seguridad de las familias.
Cerca del 55,9 % de los ecuatorianos en EE.UU. viven en Nueva York y Nueva Jersey.
En Nueva Jersey, aunque la población de ecuadorianos es menor, el efecto de las redadas es igualmente significativo, con 185 detenciones reportadas por el ICE hasta octubre de 2025. La proximidad con Nueva York y los desplazamientos diarios para trabajo o estudios hacen que muchos migrantes ecuatorianos y otros latinos se sientan constantemente expuestos a posibles arrestos durante su vida cotidiana, aumentando la sensación de vulnerabilidad y riesgo en sus comunidades.
Ante este panorama, organizaciones migrantes y defensores de derechos humanos recomiendan varias estrategias para quienes viven en zonas con mayor presencia de operativos del ICE:
Estas medidas no eliminan el riesgo, pero sí pueden ayudar a mitigar el impacto que las redadas de ICE tienen en comunidades vulnerables y reducir la exposición innecesaria en espacios públicos o laborales.