Inmigrantes denunciaron irregularidades en un conocido centro de detención, donde enfrentan complicadas situaciones y escasez de alimentos. ¿Qué está pasando?
¡Mucha atención! La línea del 911 llegó a saturarse de llamadas de una gran cantidad de inmigrantes que solicitaban asistencia desde un centro de detención en EE. UU., al que calificaron como "peor que una prisión". N+ Univision compartió detalles inéditos sobre esta preocupante experiencia que están viviendo los extranjeros, donde las condiciones han generado rechazo entre los propios detenidos.
Mediante el reportaje del medio en mención, se conoció que muchos detenidos inmigrantes habrían llamado al 911 en busca de asistencia debido a problemas de salud, condiciones de vida inadecuadas y, en algunos casos, intentos de suicidio en un conocido centro de arresto; el Camp East Montana. Los registros de emergencias, testimonios y documentos judiciales no han pasado desapercibidos.
El foco de esta investigación es lo que está pasando en el establecimiento, el centro más grande bajo la administración del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). Desde su inauguración, este lugar ha sido escenario de múltiples emergencias tanto médicas como psicológicas, tal como reportó en su momento la agencia AP.
EE. UU.: detenidos saturan al 911 para pedir ayuda en prisión y exponer situaciones críticas.
Según los datos obtenidos de la ciudad de El Paso, el personal del campamento ha realizado alrededor de 130 llamadas al 911 durante los primeros cinco meses de operación, lo cual representa a casi una llamada por día.
Las grabaciones de estas llamadas exponen públicamente situaciones alarmantes dentro de la instalación. Entre los incidentes reportados se encuentra un hombre que, tras ser agredido por otro detenido, se mostró visiblemente afectado y llorando. Asimismo, se registró a un inmigrante golpeándose la cabeza contra la pared mientras manifestaba pensamientos suicidas.
Otro caso que llamó la atención fue la de una mujer embarazada, quien experimentó intensos dolores y estaba contagiada de COVID-19. Las lesiones reportadas varían en gravedad, abarcando desde caídas de literas hasta un hombre de 79 años con dificultades respiratorias. Además, al menos 20 emergencias relacionadas con convulsiones fueron documentadas y compartidas por los propios reclusos.
Los arrestados informaron también sobre una notable pérdida de peso debido a la escasez de alimentos y expresaron temor hacia los guardias de seguridad, quienes, según sus testimonios, habrían recurrido a la fuerza para manejar situaciones de disturbio.
Para sumarse a estas evidencias, se revelaron intentos de suicidio en la cárcel. Además, se confirmaron dos muertes en el recinto. Uno de los incidentes fatales ocurrió el 3 de enero, cuando un inmigrante cubano de 55 años perdió la vida tras ser inmovilizado por los guardias durante un intento de autolesión. Un médico forense determinó que la causa del deceso fue asfixia.